Tuesday, May 20, 2008
Éste no es un artículo sólo para mujeres
Esto es algo muy personal-Elvira Lindo
Me echaron del trabajo por estar embarazada. Esto ocurrió en 1985, los socialistas estaban en el poder y yo trabajaba en la radio pública. Los malos ratos se almacenan, pero no se olvidan. Yo no olvido el día en que me llamó el jefe a su despacho. Iba avisada, sabía que un jefazo había comentado que, con dos embarazadas en la redacción, la cosa se estaba poniendo "antiestética". El jefazo en cuestión no era mal tipo, y su idea de la radio pública respondía a un perfil progresista; pero en ese perfil no cabían asuntos de tan poca monta. Así que cuando me senté enfrente del jefe de programas aquella mañana, ya sabía que iba a pasar un mal rato. El hombre, un catolicón bondadoso que era capaz de aceptar a esa turba de melenudos que habían invadido la radio, me acercó la silla, como si entendiera que yo tenía dificultades para sentarme. Pero yo no las tenía, en absoluto. Mi carácter, alegre pero con una tendencia innata a la melancolía, se había visto reforzado por aquel aluvión explosivo de hormonas, y a las siete de la mañana estaba en una parada de la periferia, esperando la camioneta. De siete meses, con el magnetofón al hombro, hacía reportajes de barrios; de gente rara, postergada, desatendida. San Blas, El Pozo, Entrevías. Los yonquis me cedían el asiento y sus madres ("contra la droga") me preparaban la merienda. Con el goloso material grabado subía por la calle Huertas, y el camarero del Murillo, antes de que entrara, ya me estaba preparando un vaso de leche con limón. Para mis compañeros, aquel embarazo tenía algo de exótico, porque en los ochenta las chicas de la radio de 22 años hacían de todo menos quedarse embarazadas. Los recuerdos se aparcan, pero nada se olvida. La palabra "antiestética" que precedió a mi despido me sigue hiriendo tanto como los razonamientos paternales con los que mi jefe me puso de patitas en la calle. Debía estar tranquila, dijo, prepararme para lo que venía. No sirvió de nada que yo me revolviera, que le dijera que estaba cumpliendo, que no quería estar en casa, por favor, que no quería. Salí del despacho con la cara colorada. De vergüenza. Las cosas son más difíciles cuando se lidia con sentimientos equivocados, y yo, como les ocurre a los niños cuando sufren un abuso, sentía vergüenza. Nunca pude verbalizar ese sentido latente de culpabilidad: en el pecado llevas la penitencia. Por el pasillo me crucé con la chica que esperaba desde hacía un mes el contrato de un puesto que se quedaba libre, el mío. Ay, Dios mío, todo tan grosero, tan ilegal, tan injusto. No sólo por ellos, sino por mí misma, que no sabía que debía sustituir mi sentido de culpa por el de indignación. Veintidós años. En fin. Y unos derechos laborales de los que poco se hablaba en el grueso de los derechos laborales. Durante aquellos dos meses comencé una novela, pinté todas las sillas de mi casa, bajé y subí las escaleras para que el parto no se retrasara, me caí por las escaleras, casi acabo a hostias con un operario castizo que dijo al verme pasar "¡hija mía, cómo te han puesto!", soñé muchas noches que al irme a trabajar me dejaba al bebé olvidado en un cajón, y atravesé veinte mil veces el descampado que iba del barrio de UGT al de CC OO. Gran descampado, de inmensidad sobrecogedora, como la de los Campos Elíseos. Me estoy viendo: pantalón de peto y zapatillas, alegre como nunca, solitaria y mucho más joven de lo que yo creía entonces que era. El niño llegó, extraño y vengativo. Más que llorar, gritaba, y parecía estar proclamando: ¿a qué viene tanta felicidad por mi llegada? Así que, cuando a los veinte días de traer al pequeño Dios al mundo, el jefe me llamó para que me reincorporara ya, ya, ya, o me quedaba sin contrato, a punto estuve de tirarme a la carretera y parar un coche que me devolviera a la radio. Pobre ignorante. La angustia de dejármelo olvidado en un cajón se acrecentó, y durante seis meses la nostalgia invadió todas mis horas laborales. Luego fui aprendiendo a compatibilizar la adoración al niño Dios con mi vocación profesional. Que era mucha. Es una historia muy personal, lo sé, pero la cuento por la parte enternecedoramente común que tiene. ¿Qué queda de todo eso? Una particular aversión a las ironías que con frecuencia se usan para hablar de las mujeres embarazadas, una convicción de que en España no hemos superado el arraigado desprecio por lo femenino. Carme Chacón, embarazada pasando revista. Y qué. El bombo, se ha llegado a decir. De ese bombo venimos todos. Así que de los bombos habría que hablar quitándose el sombrero. Un cartel americano antiguo que tengo frente a mi mesa reza: "Ellas traen los votantes al mundo, déjalas votar".
Si fuera amiga de Carme Chacón le diría: no tengas prisa, disfruta del pequeño Dios
Pero si fuera amiga de esa mujer inteligente que es Carme Chacón le diría: no tengas prisa, disfruta del pequeño Dios, el tiempo pasa tan rápido que no hay ministerio que se le compare. Al presidente le diría: tal vez el mensaje esté equivocado; una embarazada no es una enferma, pero es incomprensible que tenga que visitar un lugar de riesgo, lo que necesitamos es tener la seguridad de que el puesto que merecemos nos estará esperando cuando estemos dispuestas a volver. Sin prisa.
A los lectores les diría: éste no es un artículo sólo para mujeres.
Tirado daqui.
Encontrado aqui.
Me echaron del trabajo por estar embarazada. Esto ocurrió en 1985, los socialistas estaban en el poder y yo trabajaba en la radio pública. Los malos ratos se almacenan, pero no se olvidan. Yo no olvido el día en que me llamó el jefe a su despacho. Iba avisada, sabía que un jefazo había comentado que, con dos embarazadas en la redacción, la cosa se estaba poniendo "antiestética". El jefazo en cuestión no era mal tipo, y su idea de la radio pública respondía a un perfil progresista; pero en ese perfil no cabían asuntos de tan poca monta. Así que cuando me senté enfrente del jefe de programas aquella mañana, ya sabía que iba a pasar un mal rato. El hombre, un catolicón bondadoso que era capaz de aceptar a esa turba de melenudos que habían invadido la radio, me acercó la silla, como si entendiera que yo tenía dificultades para sentarme. Pero yo no las tenía, en absoluto. Mi carácter, alegre pero con una tendencia innata a la melancolía, se había visto reforzado por aquel aluvión explosivo de hormonas, y a las siete de la mañana estaba en una parada de la periferia, esperando la camioneta. De siete meses, con el magnetofón al hombro, hacía reportajes de barrios; de gente rara, postergada, desatendida. San Blas, El Pozo, Entrevías. Los yonquis me cedían el asiento y sus madres ("contra la droga") me preparaban la merienda. Con el goloso material grabado subía por la calle Huertas, y el camarero del Murillo, antes de que entrara, ya me estaba preparando un vaso de leche con limón. Para mis compañeros, aquel embarazo tenía algo de exótico, porque en los ochenta las chicas de la radio de 22 años hacían de todo menos quedarse embarazadas. Los recuerdos se aparcan, pero nada se olvida. La palabra "antiestética" que precedió a mi despido me sigue hiriendo tanto como los razonamientos paternales con los que mi jefe me puso de patitas en la calle. Debía estar tranquila, dijo, prepararme para lo que venía. No sirvió de nada que yo me revolviera, que le dijera que estaba cumpliendo, que no quería estar en casa, por favor, que no quería. Salí del despacho con la cara colorada. De vergüenza. Las cosas son más difíciles cuando se lidia con sentimientos equivocados, y yo, como les ocurre a los niños cuando sufren un abuso, sentía vergüenza. Nunca pude verbalizar ese sentido latente de culpabilidad: en el pecado llevas la penitencia. Por el pasillo me crucé con la chica que esperaba desde hacía un mes el contrato de un puesto que se quedaba libre, el mío. Ay, Dios mío, todo tan grosero, tan ilegal, tan injusto. No sólo por ellos, sino por mí misma, que no sabía que debía sustituir mi sentido de culpa por el de indignación. Veintidós años. En fin. Y unos derechos laborales de los que poco se hablaba en el grueso de los derechos laborales. Durante aquellos dos meses comencé una novela, pinté todas las sillas de mi casa, bajé y subí las escaleras para que el parto no se retrasara, me caí por las escaleras, casi acabo a hostias con un operario castizo que dijo al verme pasar "¡hija mía, cómo te han puesto!", soñé muchas noches que al irme a trabajar me dejaba al bebé olvidado en un cajón, y atravesé veinte mil veces el descampado que iba del barrio de UGT al de CC OO. Gran descampado, de inmensidad sobrecogedora, como la de los Campos Elíseos. Me estoy viendo: pantalón de peto y zapatillas, alegre como nunca, solitaria y mucho más joven de lo que yo creía entonces que era. El niño llegó, extraño y vengativo. Más que llorar, gritaba, y parecía estar proclamando: ¿a qué viene tanta felicidad por mi llegada? Así que, cuando a los veinte días de traer al pequeño Dios al mundo, el jefe me llamó para que me reincorporara ya, ya, ya, o me quedaba sin contrato, a punto estuve de tirarme a la carretera y parar un coche que me devolviera a la radio. Pobre ignorante. La angustia de dejármelo olvidado en un cajón se acrecentó, y durante seis meses la nostalgia invadió todas mis horas laborales. Luego fui aprendiendo a compatibilizar la adoración al niño Dios con mi vocación profesional. Que era mucha. Es una historia muy personal, lo sé, pero la cuento por la parte enternecedoramente común que tiene. ¿Qué queda de todo eso? Una particular aversión a las ironías que con frecuencia se usan para hablar de las mujeres embarazadas, una convicción de que en España no hemos superado el arraigado desprecio por lo femenino. Carme Chacón, embarazada pasando revista. Y qué. El bombo, se ha llegado a decir. De ese bombo venimos todos. Así que de los bombos habría que hablar quitándose el sombrero. Un cartel americano antiguo que tengo frente a mi mesa reza: "Ellas traen los votantes al mundo, déjalas votar".
Si fuera amiga de Carme Chacón le diría: no tengas prisa, disfruta del pequeño Dios
Pero si fuera amiga de esa mujer inteligente que es Carme Chacón le diría: no tengas prisa, disfruta del pequeño Dios, el tiempo pasa tan rápido que no hay ministerio que se le compare. Al presidente le diría: tal vez el mensaje esté equivocado; una embarazada no es una enferma, pero es incomprensible que tenga que visitar un lugar de riesgo, lo que necesitamos es tener la seguridad de que el puesto que merecemos nos estará esperando cuando estemos dispuestas a volver. Sin prisa.
A los lectores les diría: éste no es un artículo sólo para mujeres.
Tirado daqui.
Encontrado aqui.
Oro del crepúsculo
Luis G. Urbina-PUESTA DE SOL
Por la calle solitaria
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y, a lo lejos, de las fábricas,
salen, alegres, los últimos
obreros que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo, callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo.
Mas, de pronto, me detengo,
mis quimeras interrumpo
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo,
para ver curiosamente
a dos chicuelos: un grupo
adorable, que cabría
en una canción de Hugo.-
El la llama, y ella acude,
se hablan bajo, y así juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, al pie del muro;
y en una seriedad cómica,
ella grave y él adusto,
principia la confidencia
más deliciosa del mundo.
¡Oh viejo pintor de niños
que andas en busca de asuntos!
mira: la luz pone toques
divinos a este conjunto.
En el fondo, de sillares
ensalitrados y húmedos,
rojos y recién lavados
por la lluvia, se ven puntos
de tan diversos matices
-vivos, opacos, obscuros-
que en el polícromo ambiente
de tonos suaves y crudos,
la pared arlequinesca
que, a trechos, ornan los musgos,
parece lienzo manchado,
traviesamente, con grumos
de color.-Una parásita
en los ladrillos desnudos
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo;
y entre la maraña verde
un jugetón rayo súbito
en cada gota la lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hace del muro
inconcebibles mosaicos
y deslumbrantes estucos,
los dos muchachos semejan,
-en medio de tanto lujo-
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del cabello de la niña¡
¡Qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que arde en el pecho
del rapaz! ¡y qué conjunto
de áureas telas y tisúes
sobre los harapos sucios!
¡Oh buen solo, hábil joyero,
sol de abril, sol moribundo!
¡Andrajosa reinecita
que visitó la luz; y cuyo
corpiño de resplandores
cubre el talle y ciñe el busto!
¡Duquesito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
a bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú, ¿qué cuentas? Tú, ¿qué oyes?
Tú, ¿la grave? Tú, ¿el adusto?
Yo me acerco poco a poco
y curiosamente escucho.
La barriada está tranquila;
los talleres están mudos.
¡Bien, muchacho! -Fuiste al bosque
y corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
le traes... ¡lindo tributo!
Tu gorra de saltimbanco
-hecha una criba- es refugio
de caléndulas, de lirios,
y de rosas, donde, ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuepecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puños,
y narrando tus proezas,
alzas, con heroico orgullo,
tu presente de perfumes
y de alas... Y el tributo,
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
a la falda de la niña
que oye con asombro mudo,
la historia de tu aventura
mientras fijos en un punto,
miran cosas invisibles
sus ojos meditabundos.
Cuando mi presencia notan,
ella inquieta, y él ceñudo,
parecen decirme: -¡vamos,
nos estorbas, vete, intruso!
Y yo me alejo sin pena
porque dejar solo es justo
a Buckingham de siete años
con Ana de Austria de un lustro.
Ypienso: Yo también tuve
aventuras, y di muchos
presentes de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Di ilusiones, esperanzas,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los labios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fue mi amor... Y taciturno,
solitario pensativo
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
Por la calle solitaria
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y, a lo lejos, de las fábricas,
salen, alegres, los últimos
obreros que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo, callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo.
Mas, de pronto, me detengo,
mis quimeras interrumpo
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo,
para ver curiosamente
a dos chicuelos: un grupo
adorable, que cabría
en una canción de Hugo.-
El la llama, y ella acude,
se hablan bajo, y así juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, al pie del muro;
y en una seriedad cómica,
ella grave y él adusto,
principia la confidencia
más deliciosa del mundo.
¡Oh viejo pintor de niños
que andas en busca de asuntos!
mira: la luz pone toques
divinos a este conjunto.
En el fondo, de sillares
ensalitrados y húmedos,
rojos y recién lavados
por la lluvia, se ven puntos
de tan diversos matices
-vivos, opacos, obscuros-
que en el polícromo ambiente
de tonos suaves y crudos,
la pared arlequinesca
que, a trechos, ornan los musgos,
parece lienzo manchado,
traviesamente, con grumos
de color.-Una parásita
en los ladrillos desnudos
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo;
y entre la maraña verde
un jugetón rayo súbito
en cada gota la lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hace del muro
inconcebibles mosaicos
y deslumbrantes estucos,
los dos muchachos semejan,
-en medio de tanto lujo-
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del cabello de la niña¡
¡Qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que arde en el pecho
del rapaz! ¡y qué conjunto
de áureas telas y tisúes
sobre los harapos sucios!
¡Oh buen solo, hábil joyero,
sol de abril, sol moribundo!
¡Andrajosa reinecita
que visitó la luz; y cuyo
corpiño de resplandores
cubre el talle y ciñe el busto!
¡Duquesito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
a bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú, ¿qué cuentas? Tú, ¿qué oyes?
Tú, ¿la grave? Tú, ¿el adusto?
Yo me acerco poco a poco
y curiosamente escucho.
La barriada está tranquila;
los talleres están mudos.
¡Bien, muchacho! -Fuiste al bosque
y corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
le traes... ¡lindo tributo!
Tu gorra de saltimbanco
-hecha una criba- es refugio
de caléndulas, de lirios,
y de rosas, donde, ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuepecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puños,
y narrando tus proezas,
alzas, con heroico orgullo,
tu presente de perfumes
y de alas... Y el tributo,
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
a la falda de la niña
que oye con asombro mudo,
la historia de tu aventura
mientras fijos en un punto,
miran cosas invisibles
sus ojos meditabundos.
Cuando mi presencia notan,
ella inquieta, y él ceñudo,
parecen decirme: -¡vamos,
nos estorbas, vete, intruso!
Y yo me alejo sin pena
porque dejar solo es justo
a Buckingham de siete años
con Ana de Austria de un lustro.
Ypienso: Yo también tuve
aventuras, y di muchos
presentes de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Di ilusiones, esperanzas,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los labios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fue mi amor... Y taciturno,
solitario pensativo
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
Friday, May 16, 2008
Stop the torch

Stop the torch going to Tibet!
On April 9th International Olympic Committee (IOC) President Jacque Rogge said that, despite widespread protests, he has no plans to cut short the Olympic torch relay. The Tibet Autonomous Region’s (TAR) Chairman Qiangba Puncog stated in Beijing: "We will fully prepare for it and the Olympic torch relay in Tibet will be a complete success". In an ominous warning against protests, he threatened: "If someone dares to sabotage the torch relay in Tibet and its scaling of Mount Everest, we will seriously punish him and will not be soft-handed”.
China’s torch relay – titled “journey of harmony” – is still scheduled to go through Tibetan areas including Lhasa, parts of Amdo and Kham. The Chinese government is also determined to take the torch up Mount Everest on the Tibetan side in a callous attempt to legitimise its baseless claims to sovereignty over Tibet.
The torch will go through areas where thousands of Tibetans, who protested peacefully in March, are being imprisoned, many suffering torture. The torch may very well cover ground where the blood of Tibetans has recently been shed.
Parading the torch in front of the repressed people of Tibet would be an abhorrent sight, showing contempt for human rights and the Olympic ideal.
By insisting the Olympic torch be carried through Tibet, China wants to show the world and its own citizens that Tibet is part of China. The torch, which is supposed to be the symbol of peace and harmony among nations, must not go to Tibet where a military lockdown is taking place. Bringing the torch to areas where protests have been crushed is surely going to escalate the situation and provoke further protests. That would lead to more arrests, torture and bloodshed, linking the torch and the IOC with Tibetan deaths.
The IOC’s next executive meeting is taking place in Beijing on April 10th and 11th. It is expected that it will make a decision about the troubled torch route.
TAKE ACTION!.
Demand that the IOC immediately withdraws the torch from all Tibetan areas on the torch route. If the IOC does not want the blood of Tibetans spilled on the route of the Olympic torch, it must pull the plug on the torch’s journey through Tibet.
Write to:
Mr. Jacques Rogge
President
International Olympic Committee
Château de Vidy
1007 Lausanne
Switzerland
Fax: + 41 21 621 6216
E-mail: solidarity@olympic.org
Visión de todos mis días
Juan Clemente Zenea-LÁGRIMAS
Ave que cruzas callada
el mundo de mis delirios,
blanca azucena brotada ,
en un vaso de cristal;
visión de todos mis días,
sueño de todas mis noches,
hermosa flor que vivías
con aliento mundanal.
¡Bella mujer! ¿qué te has hecho?
¿Por qué no siento tu mano
tocar mi frente y mi pecho,
y encender mi corazón?
Ave errante, ¿dónde fuiste?
¿Te has marchitado, azucena?
Sueño, ¿te desvaneciste?
¿Te evaporaste, visión?
¿Do están tus rayos, estrella?
¿Do te has ido, hija del cielo,
la del alma pura y bella,
la del rostro angelical?
¡Acaso en tus sinsabores
llorando está, mi adorada,
tus desdichados amores
y mi destino fatal!
Cuando la tierra se viste
con su ropaje de viuda,
y asoma la luna triste
en la azulada región,
por mi mejilla descienden,
salobres y abrasadoras,
gotas, ¡ay!, que se desprenden
de mi enfermo corazón.
Porque a estas horas me acuerdo
de mi existencia pasada,
y en ella no hay un recuerdo
que amargo deje de ser.
De mi vida cada escena
es una historia de luto,
cada memoria una pena,
cada instante un padecer.
Entonces se me aparece
tu imagen de fada errante
que sobre la mar se mece
al morir radiante el sol.
Entonces tus ojos miro
aun más negros que la noche,
y en tu hermosa faz admiro
las tintes del caracol.
Entonces, saben los cielos
que me acusa la conciencia
proporcionarte desvelos
con mi torpe ingratitud,
¡y sabe Dios, alma mía,
que tu tormento y tu llanto
contribuyeron un día
a entristecer mi laúd!
Sobre sus cuerdas rodaron,
una tras otras perdidas,
las lágrimas que brotaron
tus ojos en tu aflicción.
Desahogando tus pasiones
al descender temblorosas,
formaron lánguidos
con su tenue vibración.
Son perlas, ángel divino,
que valen más que mi vida,
y aun más de lo que el destino
me quisiera conceder,
¡oh! ¡si pudiera beberlas,
yo en mi pecho guardaría
esas blanquísimas perlas
que están secando tu ser!
¡Pero mi boca es impura,
y ese raudal de diamantes
presta brillo a tu hermosura
y consuelo a tu dolor!
Mis labios tu faz tocando
no habrán de mancharla, hermosa,
tú estás de amores llorando,
¡y quiero verte llorar...!
La Prensa de La Habana,
Sábado, 6 de octubre de 1849.
Ave que cruzas callada
el mundo de mis delirios,
blanca azucena brotada ,
en un vaso de cristal;
visión de todos mis días,
sueño de todas mis noches,
hermosa flor que vivías
con aliento mundanal.
¡Bella mujer! ¿qué te has hecho?
¿Por qué no siento tu mano
tocar mi frente y mi pecho,
y encender mi corazón?
Ave errante, ¿dónde fuiste?
¿Te has marchitado, azucena?
Sueño, ¿te desvaneciste?
¿Te evaporaste, visión?
¿Do están tus rayos, estrella?
¿Do te has ido, hija del cielo,
la del alma pura y bella,
la del rostro angelical?
¡Acaso en tus sinsabores
llorando está, mi adorada,
tus desdichados amores
y mi destino fatal!
Cuando la tierra se viste
con su ropaje de viuda,
y asoma la luna triste
en la azulada región,
por mi mejilla descienden,
salobres y abrasadoras,
gotas, ¡ay!, que se desprenden
de mi enfermo corazón.
Porque a estas horas me acuerdo
de mi existencia pasada,
y en ella no hay un recuerdo
que amargo deje de ser.
De mi vida cada escena
es una historia de luto,
cada memoria una pena,
cada instante un padecer.
Entonces se me aparece
tu imagen de fada errante
que sobre la mar se mece
al morir radiante el sol.
Entonces tus ojos miro
aun más negros que la noche,
y en tu hermosa faz admiro
las tintes del caracol.
Entonces, saben los cielos
que me acusa la conciencia
proporcionarte desvelos
con mi torpe ingratitud,
¡y sabe Dios, alma mía,
que tu tormento y tu llanto
contribuyeron un día
a entristecer mi laúd!
Sobre sus cuerdas rodaron,
una tras otras perdidas,
las lágrimas que brotaron
tus ojos en tu aflicción.
Desahogando tus pasiones
al descender temblorosas,
formaron lánguidos
con su tenue vibración.
Son perlas, ángel divino,
que valen más que mi vida,
y aun más de lo que el destino
me quisiera conceder,
¡oh! ¡si pudiera beberlas,
yo en mi pecho guardaría
esas blanquísimas perlas
que están secando tu ser!
¡Pero mi boca es impura,
y ese raudal de diamantes
presta brillo a tu hermosura
y consuelo a tu dolor!
Mis labios tu faz tocando
no habrán de mancharla, hermosa,
tú estás de amores llorando,
¡y quiero verte llorar...!
La Prensa de La Habana,
Sábado, 6 de octubre de 1849.
Thursday, May 15, 2008
Cease fire
The situation was quite for some time , and began to talk about cease fire again ,and all the radio talk seriously about cease fire.
We rejoiced in the Gaza Strip frequently, because the siege will end, even for a short period ,but this will give the parties time to rethink
the situation in Gaza is very difficult, especially because of the closure of the crossings boarders and fuel shortage specially that’s most of cars is stopped .
What we hear in the news give us hope, that there is cease fire will start soon.
the Palestinian leaders of all factions in Egypt News says that cease fire would begin next week .I wish this to happen and become a real calming and a return to calm as before .
Other alternatives would be very difficult.
Where tried that before, recently two days ago where was a very difficult situation when four children and their mother has been killed .
the situation was very difficult with my friend hope man also ,he told me that’s dozens of rockets felt in his town .this is a proves that the civilians are the victims of violence, so it must be cease fire..
Tirado daqui.
We rejoiced in the Gaza Strip frequently, because the siege will end, even for a short period ,but this will give the parties time to rethink
the situation in Gaza is very difficult, especially because of the closure of the crossings boarders and fuel shortage specially that’s most of cars is stopped .
What we hear in the news give us hope, that there is cease fire will start soon.
the Palestinian leaders of all factions in Egypt News says that cease fire would begin next week .I wish this to happen and become a real calming and a return to calm as before .
Other alternatives would be very difficult.
Where tried that before, recently two days ago where was a very difficult situation when four children and their mother has been killed .
the situation was very difficult with my friend hope man also ,he told me that’s dozens of rockets felt in his town .this is a proves that the civilians are the victims of violence, so it must be cease fire..
Tirado daqui.
Alma de luz
Ricardo Jaimes Freyre-PEREGRINA PALOMA IMAGINARIA
Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores
peregrina paloma imaginaria.
Vuele sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores;
haya, a tu peso, un haz de resplandores,
sobre la adusta roca solitaria...
Vuele sobre la roca solitaria
peregrine paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve...
Como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria...
Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores
peregrina paloma imaginaria.
Vuele sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores;
haya, a tu peso, un haz de resplandores,
sobre la adusta roca solitaria...
Vuele sobre la roca solitaria
peregrine paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve...
Como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria...
Wednesday, May 14, 2008
La leve sombra de tu mano
Julio Cortázar-OBJETOS PERDIDOS
Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
Mendoza, Argentina 1944
La mufa
Vos ves la Cruz del Sur,
respirás el verano con su olor a duraznos,
y caminás de noche
mi pequeño fantasma silencioso
por ese Buenos Aires,
por ese siempre mismo Buenos Aires.
Quizá la más querida
Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.
Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.
Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.
Una carta de amor
Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
Mendoza, Argentina 1944
La mufa
Vos ves la Cruz del Sur,
respirás el verano con su olor a duraznos,
y caminás de noche
mi pequeño fantasma silencioso
por ese Buenos Aires,
por ese siempre mismo Buenos Aires.
Quizá la más querida
Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.
Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.
Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.
Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.
Una carta de amor
Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
“Este é o dia que o Eterno fez”
Por Boaz Gabriel Canhoto, em Jerusalém
(ver 60 anos de Israel na Rua da Judiaria)
Ainda a tinta das assinaturas na Declaração de Independência de Israel não tinha secado e, cinco nações árabes (Egipto, Transjordânia [actual Jordânia], Síria, Líbano e Iraque) alinhavam as suas tropas frente às fronteiras demarcadas pela ONU, prontas para invadir o recém-criado Estado Judaico. A estratégia árabe era simples e previa que a derrota judaica seria alcançada num prazo de uma ou duas semanas apenas.
Isto foi há 60 anos. Israel ficou abalado. Resistiu. Triunfou. Alguém religioso não nega o magnífico “dedo de Deus” presente em muitos dos momentos históricos destas seis décadas em Israel. Mesmo os cépticos certamente se perguntam como esta pequena nação, composta na sua maioria por refugiados, conseguiu erguer um país como o Israel do presente. Um puzzle social confuso, composto de peças dificilmente ajustáveis: judeus e árabes, religiosos e seculares, sefarditas e askenazitas, ex-soviéticos, americanos, etíopes, peruanos, filipinas e tailandeses.
O “milagre israelita” não é fantasia. É conhecida a metáfora do pequeno território composto, ainda há menos de um século, por pântanos e desertos, transformado num fértil jardim. As coisas não acontecem por acaso. Tudo - tudo mesmo - em Israel funciona à custa de muito suor e engenho humano. E fé. Da irrigação dos campos ao trânsito na auto-estrada.
Vim pela primeira a Israel em 1999. Queria passar dois meses das minhas férias de Verão no país, gastando o mínimo de dinheiro possível. Ser voluntário num kibbutz foi a opção ideal. Sem conhecer ninguém no país, sem falar nada da língua local. (Valeu-me o meu inglês.) À chegada, a surpresa: um país verdadeiramente moderno. É certo que já tinha visto imagens de Israel na TV, mas ao vivo é outra sensação. Os arranha-céus de Tel Aviv. Um mito destruído de imediato: a influência americana era quase inexistente. Cartazes publicitários em hebraico! Como era possível viver num país moderno sem usar uma língua ocidental? Peço desculpa pelo eurocentrismo idiota.
Nessa altura, o meu interesse em Israel já não era meramente turístico ou mesmo cultural. Eu estava a bater à porta do Povo de Israel. Nos meus planos, mesmo desconhecendo inteiramente o alcance desse ideal, estava uma conversão ao Judaísmo. Passaram-se anos até voltar a pisar a Terra Santa. Na segunda visita, de apenas 11 dias, o meu processo de conversão já dera muitas e difíceis voltas, mas finalmente começara a tomar forma.
Em apenas quatro meses estaria de volta. Para sempre. Nem eu sabia à partida. Conseguira uma vaga num curso oficial de conversão ao Judaísmo, nos arredores de Jerusalém. Sem trabalho fixo em Portugal, sem ter uma família para sustentar, pouco me prendeu em casa. Fiquei seis meses no curso de conversão e entretanto entrei numa yeshiva. Pela primeira vez, entrei a fundo no mundo religioso judaico.
Sem planos para ficar em Israel, a princípio planeei ficar apenas 6 meses. Ir, converter-me, voltar. As minhas identidades portuguesa e judaica pareciam perfeitamente equilibráveis. O retorno à minha vila da Batalha foi estranho. Eu era um estranho. Foi um regresso a casa, apenas de visita. Fui um turista na minha terra natal. Foi um alívio voltar a Jerusalém.
As mudanças são muito rápidas e radicais para quem vive por estes lados. Em 2005, chegara quando ainda se sentia em força o abalo da destruição dos colonatos de Gaza. Passei cá a Segunda Guerra do Líbano, com os telefonemas quase diários da minha mãe, aterrada com as violentas imagens da guerra transmitidas pela televisão. Implorou-me para voltar para casa. Tentei, como podia, descansá-la. “Que iria eu fazer a Portugal?”, pensei. Não queria sair naquela hora difícil. Não queria ter problemas para voltar, caso saísse.
Frequentemente recebo mensagens de amigos em Portugal que me pedem para voltar. Alegam que esta não é a minha terra. Que não tenho nada a fazer por aqui. Que o meu lugar é em Portugal. Entendo o ponto de vista deles. Um emigrante é visto como um ente temporariamente distante. Não conhecem a essência da emigração para Israel. Afinal, transplantar as raízes para um novo lugar é sempre um choque, também para a terra deixada vaga. Israel foi recém reimplantado nesta terra. Recém, se lembrarmos a cadeia de mais de 3500 anos de história judaica. Todos os que, como eu, decidiram viver aqui, são parte deste novo e impressionante reflorescimento judaico na Terra de Israel.
Estou em Israel há menos de três anos. Como judeu, há quase dois. Como cidadão, ainda não completei sequer um ano. Casei por cá, há exactamente um mês. Não me consigo imaginar a viver, de forma permanente, noutro lugar. Ao fim de um ano de aliya, dentro de alguns meses, vou poder tirar o passaporte israelita. Um ano de israelita em 60 anos de Israel.
Nota: O título provém de um versículo entoado na recitação de Halel, o conjunto de cânticos de louvor a Deus entoados nos dias mais alegres do ano. O Dia da Independência de Israel é um desses dias.
Tirado daqui.
(ver 60 anos de Israel na Rua da Judiaria)
Ainda a tinta das assinaturas na Declaração de Independência de Israel não tinha secado e, cinco nações árabes (Egipto, Transjordânia [actual Jordânia], Síria, Líbano e Iraque) alinhavam as suas tropas frente às fronteiras demarcadas pela ONU, prontas para invadir o recém-criado Estado Judaico. A estratégia árabe era simples e previa que a derrota judaica seria alcançada num prazo de uma ou duas semanas apenas.
Isto foi há 60 anos. Israel ficou abalado. Resistiu. Triunfou. Alguém religioso não nega o magnífico “dedo de Deus” presente em muitos dos momentos históricos destas seis décadas em Israel. Mesmo os cépticos certamente se perguntam como esta pequena nação, composta na sua maioria por refugiados, conseguiu erguer um país como o Israel do presente. Um puzzle social confuso, composto de peças dificilmente ajustáveis: judeus e árabes, religiosos e seculares, sefarditas e askenazitas, ex-soviéticos, americanos, etíopes, peruanos, filipinas e tailandeses.
O “milagre israelita” não é fantasia. É conhecida a metáfora do pequeno território composto, ainda há menos de um século, por pântanos e desertos, transformado num fértil jardim. As coisas não acontecem por acaso. Tudo - tudo mesmo - em Israel funciona à custa de muito suor e engenho humano. E fé. Da irrigação dos campos ao trânsito na auto-estrada.
Vim pela primeira a Israel em 1999. Queria passar dois meses das minhas férias de Verão no país, gastando o mínimo de dinheiro possível. Ser voluntário num kibbutz foi a opção ideal. Sem conhecer ninguém no país, sem falar nada da língua local. (Valeu-me o meu inglês.) À chegada, a surpresa: um país verdadeiramente moderno. É certo que já tinha visto imagens de Israel na TV, mas ao vivo é outra sensação. Os arranha-céus de Tel Aviv. Um mito destruído de imediato: a influência americana era quase inexistente. Cartazes publicitários em hebraico! Como era possível viver num país moderno sem usar uma língua ocidental? Peço desculpa pelo eurocentrismo idiota.
Nessa altura, o meu interesse em Israel já não era meramente turístico ou mesmo cultural. Eu estava a bater à porta do Povo de Israel. Nos meus planos, mesmo desconhecendo inteiramente o alcance desse ideal, estava uma conversão ao Judaísmo. Passaram-se anos até voltar a pisar a Terra Santa. Na segunda visita, de apenas 11 dias, o meu processo de conversão já dera muitas e difíceis voltas, mas finalmente começara a tomar forma.
Em apenas quatro meses estaria de volta. Para sempre. Nem eu sabia à partida. Conseguira uma vaga num curso oficial de conversão ao Judaísmo, nos arredores de Jerusalém. Sem trabalho fixo em Portugal, sem ter uma família para sustentar, pouco me prendeu em casa. Fiquei seis meses no curso de conversão e entretanto entrei numa yeshiva. Pela primeira vez, entrei a fundo no mundo religioso judaico.
Sem planos para ficar em Israel, a princípio planeei ficar apenas 6 meses. Ir, converter-me, voltar. As minhas identidades portuguesa e judaica pareciam perfeitamente equilibráveis. O retorno à minha vila da Batalha foi estranho. Eu era um estranho. Foi um regresso a casa, apenas de visita. Fui um turista na minha terra natal. Foi um alívio voltar a Jerusalém.
As mudanças são muito rápidas e radicais para quem vive por estes lados. Em 2005, chegara quando ainda se sentia em força o abalo da destruição dos colonatos de Gaza. Passei cá a Segunda Guerra do Líbano, com os telefonemas quase diários da minha mãe, aterrada com as violentas imagens da guerra transmitidas pela televisão. Implorou-me para voltar para casa. Tentei, como podia, descansá-la. “Que iria eu fazer a Portugal?”, pensei. Não queria sair naquela hora difícil. Não queria ter problemas para voltar, caso saísse.
Frequentemente recebo mensagens de amigos em Portugal que me pedem para voltar. Alegam que esta não é a minha terra. Que não tenho nada a fazer por aqui. Que o meu lugar é em Portugal. Entendo o ponto de vista deles. Um emigrante é visto como um ente temporariamente distante. Não conhecem a essência da emigração para Israel. Afinal, transplantar as raízes para um novo lugar é sempre um choque, também para a terra deixada vaga. Israel foi recém reimplantado nesta terra. Recém, se lembrarmos a cadeia de mais de 3500 anos de história judaica. Todos os que, como eu, decidiram viver aqui, são parte deste novo e impressionante reflorescimento judaico na Terra de Israel.
Estou em Israel há menos de três anos. Como judeu, há quase dois. Como cidadão, ainda não completei sequer um ano. Casei por cá, há exactamente um mês. Não me consigo imaginar a viver, de forma permanente, noutro lugar. Ao fim de um ano de aliya, dentro de alguns meses, vou poder tirar o passaporte israelita. Um ano de israelita em 60 anos de Israel.
Nota: O título provém de um versículo entoado na recitação de Halel, o conjunto de cânticos de louvor a Deus entoados nos dias mais alegres do ano. O Dia da Independência de Israel é um desses dias.
Tirado daqui.
Tuesday, May 13, 2008
Palm oil

A campanha do Greenpeace contra a Unilever deu certo! A empresa anunciou que pretende eliminar de seus produtos o óleo de palma (ou dendê) plantado de forma insustentável na Indonésia. Em discurso feito em Londres, o presidente da Unilever, Patrick Cescau, disse que toda matéria-prima usada nos produtos Dove será totalmente sustentável até 2015. Promessa é dívida e vamos cobrá-lo, sr. Cescau!
Agora a mira do Greenpeace e de outras ONGs ambientalistas se volta para empresas como Procter & Gamble, Nestlé e Kraft, que também usam o tal óleo de dendê.
As florestas tropicais da Indonésia são a casa de milhares de orangotangos, espécie ameaçada de extinção que vem sofrendo com os incêndios provocados na região - principalmente na ilha de Borneo - para a plantação de palmáceas usadas por grandes empresas de produtos de beleza e também como biocombustível. Essas queimadas também ameaçam o clima global, sendo responsáveis hoje por 4% das emissões de CO2 na atmosfera.
Confira abaixo o vídeo do Greenpeace que fez a Unilever mudar de atitude.
Ah, o filme do Greenpeace é uma paródia de um outro, da própria Dove, que discute a ditadura da beleza (?) na mídia. Muito bom por sinal, como também é a campanha da Dove - pena que para celebrar a beleza natural das pessoas, a empresa deixe um rastro de destruição na Indonésia. O filme original é esse aqui.
Tirado daqui.
No te llenes de calma
Mario Benedetti-NO TE SALVES
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.








